lunes, 13 de octubre de 2014

Ébola

    Lo que van ustedes a leer es un estracto del libro No Time To Lose: A Life in Pursuit of Deadly Viruses, escrito por el microbiólogo Peter Piot, codescubridor en 1976 del virus al que nombraron ébola por un río de Zaire, actual República Democrática del Congo. Piot, antiguo director ejecutivo de ONUSIDA y antiguo vicesecretario general de la ONU, es actualmente director de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical.

   Yambuku, 1976. Durante los siguientes dos días, recorrimos pueblos cada mañana, tomando toda la sangre que pudimos, apuntando cualquier detalle e información potencialmente importante que pudimos recoger.
    En todos los pueblos, organizamos una reunión con el jefe y los ancianos. Les pedimos que describieran su experiencia con la nueva enfermedad, el número de casos y muertes, las fechas, y si habían tenido conocimiento de cualquier persona actualmente enferma. Preguntamos a todos los aldeanos con los que nos encontramos sobre sus rutinas diarias: contacto extraño con animales, nuevas zonas sin vegetación, comida y bebida, contacto con comerciantes.
    Nos contaron que el virus había hecho desaparecer a familias enteras en poco tiempo. En un caso, una mujer de Yambuku había muerto unos días después de dar a luz, y poco después la siguió su recién nacido. Su hija de 13 años, que había viajado a Yambuku para hacerse cargo del niño, enfermó cuando volvió a su aldea y murió días después, seguida por la mujer de su tío, que la había estado cuidando; y luego fue su tío, y entonces otra familiar que había ido a ocuparse de él. Esta transmisión extremadamente virulenta entre humanos era aterradora.
    Había dos elementos que unían a casi todas las víctimas de aquella misteriosa epidemia. Un factor eran los funerales: muchos de los muertos habían asistido al funeral de una persona enferma o habían mantenido contacto cercano con alguien que había ido. Lo que hacía a esos funerales tan letales, aparte del intenso y prolongado contacto, era la preparación del cadáver. Limpiaban el cuerpo a conciencia, y el proceso a menudo involucraba a varios miembros de la familia, que lo hacían con las manos descubiertas. Dado que los cuerpos solían estar cubiertos de sangre, heces y vómito, la exposición al virus del ébola era enorme, especialmente porque su costumbre era limpiar todos los orificios: boca, ojos, nariz, vagina, ano.
    El otro factor era la asistencia al Yambuku Mission Hospital. Casi todas las víctimas del virus habían ido a la clínica unos días antes de enfermar.
  Todo parecía señalar que el contacto aéreo no era suficiente para transmitir la enfermedad. Pero, en particular, en el grupo de edad que comprendía entre los 18 y los 25 años, habían muerto el doble de mujeres que de hombres.
  Sabíamos que lo del hospital era un factor importante, pero la verdadera clave era lo otro. ¿Qué diferenciaba a los hombres de las mujeres a esa edad? Que las mujeres se quedan embarazadas. Y, de hecho, casi todas las mujeres que habían muerto habían estado embarazadas, sobre todo en ese grupo de edad, y habían visitado la clínica prenatal de la misión de Yambuku.
   Entrevistamos a las monjas con mucho respeto. La hermana Genoveva nos dijo que usaban para todos los pacientes las pocas jeringas de cristal que tenían; que cada mañana las hervían rápidamente (y poco), al igual que hacían con los instrumentos de obstetricia de la sala de maternidad. Luego, las utilizaban y reutilizaban a lo largo de todo el día; simplemente, las enjuagaban con agua esterilizada.
   Ella nos confirmó que las monjas inyectaban a las embarazadas dosis de vitamina B y gluconato de calcio. El gluconato de calcio es una sal de calcio y ácido glucónico. Básicamente, no tiene ningún valor médico en el embarazo, pero da una inyección de energía, y este colocón de energía se hizo muy popular entre los pacientes.
  En otras palabras, las enfermeras inyectaban sistemáticamente un producto inútil a todas las mujeres durante sus cuidados prenatales, así como a muchos otros pacientes que acudían allí buscando ayuda. Para hacerlo, utilizaban jeringuillas sin esterilizar que transmitían la infección con libertad.
   Era muy difícil formular las palabras para explicar a las hermanas que la expansión del virus seguramente se había amplificado por sus prácticas y por la falta de un entrenamiento adecuado. Al final, creo que fuimos demasiado educados: no estoy seguro de que el mensaje calara cuando les contamos las conclusiones preliminares.
Traducción de Marina Velasco Serrano
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Opiniones actuales de Peter Piot
    La epidemia actual de ébola no tiene precedentes. Más de 7.000 casos y más de 3.300 muertes hasta ahora. Es la primera vez que se ven afectadas naciones enteras; es la primera vez que se ven implicadas ciudades con una enorme población urbana. Y es la primera vez que el virus ha sido diagnosticado fuera de África.
    En los 38 años que llevo trabajando con el ébola, nunca pensé que el virus alcanzaría esta dimensión, pasando de un pequeño brote a una terrible crisis humanitaria.
   Echando la vista atrás hacia el trabajo inicial de nuestro equipo internacional en 1976 en Yambuku, República Democrática del Congo (que entonces era Zaire), todas las lecciones que aprendimos sobre la manera devastadora en que se extiende el virus todavía se pueden aplicar hoy en día. La forma de transmisión ya no es un misterio y sabemos exactamente cómo evitar los brotes previos de ébola. Sin embargo, estas medidas no han servido para frenar la epidemia actual en África Occidental, en gran parte porque se iniciaron con demasiada lentitud y a una escala insuficiente.
   Necesitamos urgentemente aumentar el suministro de efectivos y recursos para tener la catástrofe bajo control. Debemos construir hospitales de campaña y unidades de cuidados especiales para el ébola, enviar personal sanitario, provisiones médicas y coordinación logística, así como gobiernos y ONGs dispuestos a parar la transmisión de ébola a través de la movilización de la comunidad para evitar funerales de riesgo y prácticas médicas peligrosas. (Londres, octubre de 2014)
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    El brote actual del ébola parece que surgió en el pueblo de Guéckédou (Guinea), donde Médicos Sin Fronteras  aseguran que es común la cacería y consumo de murciélagos, portadores naturales del virus.

    El siguiente documental está realizado en 2007 y se refiere a acontecimientos de 2003. Puede estar un poco obsoleto en ciertos aspectos, porque hoy se conoce con una certeza más que aceptable de dónde procede y cómo se transmite el virus, pero sigue siendo válido cuando habla de las creencias y miedos de la población africana.


Actualización (20/10/2014):
Nigeria derrota al ébola

19 comentarios:

Gatopardo dijo...

Para echarse a temblar. Habría que consultar a Nostradamus.

Juan Nadie dijo...

A quienes debemos consultar, ya lo hemos dicho, es a los expertos, y qué mayor esperto que Piot. Ya llegará el momento de poner a parir a los políticos por llevar la crisis como suelen, tirándose los trastos a la cabeza unos a otros y mareando la perdiz. Esto es muy serio.

marian dijo...

El vídeo lo veré entero poquito a poquito.
Las creencias que dices, creo que tienen bastante que ver en la extensión incontrolada del brote de ébola en África, también el desconocimiento y sobre todo la falta de medios, entre otros factores.

marian dijo...

El otro día, un "experto" contaba en la radio que los momentos especialmente críticos (entre otros) de contagio de los enfermos de ébola eran los momentos en que están a punto de morir o una vez muertos, ya que el virus está rabioso y necesita desesperadamente un nuevo alojamiento.

jose dijo...

Visto y leido esto que callen los politicos y dejen a quien sabe.

Hoy va Sanchez y dice que Rajoy tiene que salir a dar explicaciones, pero... de que, si no tiene ni puta idea del tema?

marian dijo...

Ya, Jose. ¿Y te parece normal?

marian dijo...

Los que no tienen que dar ya más explicaciones, en un principio, e irse a otros asuntos son: La Ministra de Sanidad y el Consejero de la Comunidad de Madrid. Y si no se quieren ir, que les cesen.

jose dijo...

Me parecen por debajo de lo normal

marian dijo...

Ahora, lo prioritario es lo que es, pero espero que cuando pase, tengan la decencia de marcharse o de que les cesen, porque sería intolerable que siguieran en su cargo, una vergüenza (más).

Juan Nadie dijo...

Todo se ha improvisado, y todo comenzó cuando se desmanteló el Carlos III (los recortes,claro), que pasó de ser hospital de referencia (el segundo hospital del mundo para enfermedades infecciosas) a trabajar bajo mínimos.
Deberían irse todos, sí, o al menos rodearse de gente que sepa de estas cosas y dejarles trabajar. Y aprender de lo que se esté haciendo bien por ahí.

¿Por debajo de lo normal? Claro, lo único que les preocupa es el voto futuro, y para conseguirlo harán lo que sea.

Juan Nadie dijo...

Por cierto, decía estos días Piot que no sería extraño que el virus acabase transmitiéndose también por el aire, porque los virus "aprenden" y mutan, es lo suyo.
Lo que nos faltaba.

Juan Nadie dijo...

Fijáos qué diferencia:

http://www.elmundo.es/internacional/2014/10/12/543a9cf5ca4741b1408b458b.html

También hay que decir que en Valdecilla (ese lujo) cuarenta y tantos profesionales (siempre los mismos) llevan más de un mes preparándose todos los días y entrenándose en los protocolos. En el Carlos III se han estado haciendo sustituciones, como si fuese una cosa de nada, con lo cual nadie sabía cómo actuar.
Ahora parece que quieren tomárselo más en serio. Nunca es tarde.

Gatopardo dijo...

Pues precisamente, el otro día, y a raíz de lo publicado al respecto en el Diario Montañés, me contestaba un médico jubilado de Valdecilla, que lo mismo podría haber ocurrido aquí.

Juan Nadie dijo...

Pues él, que lo conoce, lo sabrá mejor.

marian dijo...

Yo creo que no, lo mismo, lo mismo, no, semejante desastre no. Son distintos verbos, entrenar a improvisar.
El error humano al quitarse el traje, supongo que se refería a eso, no se puede descartar, por supuesto. Pero cuanto más preparada está la gente, más el seguimiento al hacerlo, menos probabilidades de que eso ocurra.

marian dijo...

Lo bueno de lo que ha ocurrido es que ha servido para concienciarnos de una realidad que hasta ahora nos pillaba muy lejos y tomar nota.

marian dijo...

Y esperemos también que no se olviden (no nos olvidemos) de África.

finchu dijo...

En Europa el virus se llama Teresa, en África se llama miles.

Juan Nadie dijo...

Sí, se llama Teresa, y si no hacemos las cosas bien, podríamos agotar el santoral.
En cuanto a África, Médicos sin Fronteras, misioneros, Cruz Roja, etc, llevan treinta y tantos años haciendo lo que pueden con los medios de que disponen, por eso dice Piot necesitamos urgentemente aumentar el suministro de efectivos y recursos para tener la catástrofe bajo control. Debemos construir hospitales de campaña y unidades de cuidados especiales para el ébola, enviar personal sanitario, provisiones médicas y coordinación logística, así como gobiernos y ONGs dispuestos a parar la transmisión de ébola a través de la movilización de la comunidad para evitar funerales de riesgo y prácticas médicas peligrosas.