domingo, 12 de junio de 2011

Oración a las máscaras - Léopold Sédar Senghor - Senegal

Máscaras africanas
Máscara negra, máscara roja,
máscaras blanquinegras.
Máscaras de todo horizonte
de donde sopla el Espíritu,
os saludo en silencio.
Y no a ti el último Antepasado
de cabeza de León.
Guardáis este lugar prohibido
a toda sonrisa de mujer,
a toda sonrisa que se marchita.
Destiláis ese aire de eternidad
en el que respiro el aliento de mis Padres.
Máscaras de rostros sin máscara,
despojados de todo hoyuelo y de toda arruga,
que habéis compuesto este retrato,
este rostro mío inclinado sobre el altar de blanco papel.
A vuestra imagen, ¡escuchadme!
Ya se muere el África de los imperios,
es la agonía de una princesa deplorable.
Y también Europa
a la que nos une el cordón umbilical
Fijad vuestros ojos inmutables
en vuestros hijos dominados que dan su vida como el pobre su última ropa.
Que respondamos con nuestra presencia
al renacer del mundo,
como es necesaria la levadura a la harina blanca.
¿Pues quién enseñaría el ritmo de las máquinas
y de los cañones al mundo desaparecido?
¿Quién daría el grito de alegría para despertar
a muertos y a huérfanos al amanecer?
Decid, ¿quién devolvería el recuerdo de la vida
al hombre de esperanzas rotas?
Nos llaman los hombres del algodón,
del café, del aceite,
nos llaman los hombres de la muerte.
Somos los hombres de la danza,
cuyos pies recobran fuerza
al golpear el duro suelo.
Léopold Sédar Senghor, poeta de la negritud, estudiante de élite de la Sorbona, fundador junto con Aimé Césaire de la revista El estudiante negro en París y editor de la Antología de la nueva poesía negra y malgache (prologada por Sartre), escribió este poema en los comienzos de la descolonización de África. Poco más tarde llegaría a ser presidente de Senegal. 

Frases atribuidas a Senghor:
* Soñé con un mundo de sol en la fraternidad de mis hermanos con ojos azules.

* Los racistas son personas que se equivocan de cólera.

* Uno no hereda la tierra de sus padres, la toma prestada a sus hijos.

* Pensar y actuar por nosotros mismos y para nosotros mismos, como negros…, acceder a la modernidad sin pisotear nuestra autenticidad.

* Únicamente el ritmo provoca el cortocircuito poético y transforma el cobre en oro, la palabra en verbo.

* El poema sólo se culmina cuando se hace canto, palabra y música a la vez.



Senghor y la negritud

1 comentario:

Gatopardo dijo...

Interesante personaje.