El Ngombi es el principal instrumento de cuerda de los Baka y Kwele, un conglomerado de pueblos pigmeos (hablaremos de ellos en un próximo post) con poca relación entre sí (Gabón, Camerún, Uganda, Congo, República Centroafricana...). Tiene muchas variantes en cuanto a tamaño, número de cuerdas y materiales y se denomina con distintos nombres: ennangao adunguen las tribus Baganda, kundi entre los Azande, seprewa en los pueblos Akan... Su caja suele estar cubierta por una piel de cabra, como en el Ngombi de Juan Nadie, que hasta tiene restos de pelillos. Es probablemente uno de los instrumentos más antiguos de África, incluso del mundo, como atestigua el hallado en la tumba de Thauenary, en Tebas, de aproximadamente 1000 años a.C.
Hubo un tiempo en que los monos decidieron bajarse de los árboles y buscarse la vida, que empezaba a ponerse realmente difícil para ciertas especies. Imagínense: después de una glaciación (quizá la primera, ocurren de manera cíclica), la Tierra comenzó a calentarse, fueron desapareciendo especies vegetales, al mismo tiempo que aparecían desiertos y sabanas. Por estas últimas podían correr a sus anchas gacelas, leones, tigres..., a los que la Naturaleza había dotado de todo tipo de armas de ataque y defensa: colmillos, garras, un aparato locomotor impresionante... Los amos del prado. ¿Qué podía hacer el esmirriado mono, que carecía de todas estas cualidades?. Tenía todas las de perder. Sólo que de pronto le dio por bajarse del árbol, erguirse sobre dos patas y salir a ver qué pasaba por ahí. A partir de entonces la lió. Su cerebro comenzó a crecer, lo que agudizó su ingenio (o viceversa) y esto le sirvió para fabricarse instrumentos con los que suplir lo que la Naturaleza le había negado. ¿No tenía garras ni colmillos?: empezó a fabricar utensilios de piedra y de madera para cubrir esa carencia. ¿No sabía correr o corría poco?: ideó armas que actuaban a distancia, arcos, flechas, lanzas... Se buscó la vida, y además se convirtió en omnívoro: comía de todo, y sigue haciéndolo. Y hasta aquí ha llegado. Y seguirá, no les quepa la menor duda.
El 30 de noviembre de 1974, a unos 150 km al norte de Addis-Abbeba (Etiopía) en un lugar llamado Hadar, el paleoantropólogo americano Donald Johanson, que exploraba la región en busca de vestigios prehistóricos, realizó un descubrimiento inesperado: un esqueleto prácticamente completo de un homínido, es decir, de una rama distinta a la de los grandes monos, que al parecer constituía una etapa hacia la raza Homo y cuyos individuos se caracterizaban por rasgos como el de la posición erguida.
Una vez reconstruido el esqueleto se descubrió, por las proporciones y la forma de la pelvis, que pertenecía a una hembra de 1 m de estatura, de unos 20 años de edad, dotada de un cráneo minúsculo y que había caminado sobre sus extremidades posteriores, signo inequívoco de una evolución hacia la hominización. La articulación de la rodilla confirmaba dicha hipótesis. Se le llamó Lucy, en homenaje a la canción de los Beatles Lucy in the sky with diamonds, que era la canción que estaban escuchando entonces los miembros del equipo investigador. La abuela Lucy.
La datación de las muestras minerales de su emplazamiento mediante el método potasio/argón (más preciso que el método del carbono 14) proporcionó la cifra de 3 millones de años, con un margen de error de 200.000 años, más o menos. La datación por paleomagnetismo* indicó 3,5 millones de años.
Johanson publicó su teoría de la evolución de los homínidos hasta la aparición del hombre moderno, Homo sapiens sapiens, en función del descubrimiento de Lucy. Lucy representaba el primer estadio conocido de la postura erguida o bípeda y, por tanto, un nexo de unión entre los grandes monos y los homínidos. Sin embargo, los Australopithecus afarensis (que así se llamó a Lucy y a sus compañeros) no fabricaban utensilios, por lo que se encontraban en un nivel inferior al del Homo habilis, aparecido hace dos millones de años. Según Johanson, los Australopithecus afarensis habrían dado origen a dos ramas: los Australopithecus africanus y los Austrolopithecus robustus (de mayor tamaño). Por otra parte, el Homo habilis, de 1,50 m de estatura, daría lugar al Homo erectus.
Johanson situaba el comienzo de la hominización en Lucy, o sea, en el Australopithecus afarensis. En su opinión, Lucy era la abuela de la Humanidad, y es cierto que no se ha encontrado un espécimen bípedo más antiguo. Sin embargo, la comunidad de los paleoantropólogos y, sobre todo, la célebre familia Leakey -Louis, el padre, Mary, su mujer y Richard, el hijo- no estaba de acuerdo. Para los Leakey, Lucy no anuncia la raza Homo, sino que ya pertenece a ella. La hominización comenzaría mucho antes, quizá hace 10 ó 20 millones de años. Pero Lucy ha demostrado que la hominización ya estaba en marcha hace 3,5 millones de años.
En cualquier caso, nosotros le dedicaremos una canción a la abuelita Lucy.
Lucy in the sky with diamonds - The Beatles
* Este modo de datación se basa en el hecho de que el magnetismo terrestre ha variado numerosas veces en el curso de los milenios. Como queda "impreso" en las capas de terreno en formación, en la lava volcánica en estado de fusión y en el barro cocido, y puesto que se pueden reconstruir sus variaciones sucesivas con relativa exactitud, es posible medir la antigüedad de una muestra midiendo su declinación magnética.
Máscara negra, máscara roja, máscaras blanquinegras. Máscaras de todo horizonte de donde sopla el Espíritu, os saludo en silencio. Y no a ti el último Antepasado de cabeza de León. Guardáis este lugar prohibido a toda sonrisa de mujer, a toda sonrisa que se marchita. Destiláis ese aire de eternidad en el que respiro el aliento de mis Padres. Máscaras de rostros sin máscara, despojados de todo hoyuelo y de toda arruga, que habéis compuesto este retrato, este rostro mío inclinado sobre el altar de blanco papel. A vuestra imagen, ¡escuchadme! Ya se muere el África de los imperios, es la agonía de una princesa deplorable. Y también Europa a la que nos une el cordón umbilical Fijad vuestros ojos inmutables en vuestros hijos dominados que dan su vida como el pobre su última ropa. Que respondamos con nuestra presencia al renacer del mundo, como es necesaria la levadura a la harina blanca. ¿Pues quién enseñaría el ritmo de las máquinas y de los cañones al mundo desaparecido? ¿Quién daría el grito de alegría para despertar a muertos y a huérfanos al amanecer? Decid, ¿quién devolvería el recuerdo de la vida al hombre de esperanzas rotas? Nos llaman los hombres del algodón, del café, del aceite, nos llaman los hombres de la muerte. Somos los hombres de la danza, cuyos pies recobran fuerza al golpear el duro suelo.
Léopold Sédar Senghor, poeta de la negritud, estudiante de élite de la Sorbona, fundador junto con Aimé Césaire de la revista El estudiante negro en París y editor de la Antología de la nueva poesía negra y malgache (prologada por Sartre), escribió este poema en los comienzos de la descolonización de África. Poco más tarde llegaría a ser presidente de Senegal. Frases atribuidas a Senghor: * Soñé con un mundo de sol en la fraternidad de mis hermanos con ojos azules.
* Los racistas son personas que se equivocan de cólera.
* Uno no hereda la tierra de sus padres, la toma prestada a sus hijos.
* Pensar y actuar por nosotros mismos y para nosotros mismos, como negros…, acceder a la modernidad sin pisotear nuestra autenticidad.
* Únicamente el ritmo provoca el cortocircuito poético y transforma el cobre en oro, la palabra en verbo.
* El poema sólo se culmina cuando se hace canto, palabra y música a la vez.
De aquellos polvos vienen hoy estos lodos. Occidente ha estado décadas mirando para otro lado en el mejor de los casos, y en el peor sosteniendo a gobiernos dictatoriales a los que ha armado hasta los dientes por temor al fundamentalismo musulmán y naturalmente por intereses económicos.
En las revueltas parece que ha jugado un papel fundamental la comunicación por Internet. Ya se empieza a hablar de ciberactivismo.
Hasta ahora han caído los gobiernos de Túnez y de Egipto. ¿Cuál será el próximo?
¿Y por qué no hablar de África, ese enorme -y en tantos aspectos desconocido- continente, cuna de la Humanidad?
Es lo que se propone este blog. Habrá un poco de todo: historia, arte, música... Intentaremos, con todo respeto, acercarnos a sus culturas y etnias y, naturalmente, hablaremos de los problemas seculares que le aquejan.
Algún día, quizá cuando todos los demás nos hayamos ido al quinto carajo (Cortázar dixit), África conseguirá hacer valer su inmenso potencial.
Pido disculpas de antemano por los errores e inexactitudes que pueda cometer, aunque no creo necesario decir que uno dista años-luz de ser un experto en temas africanos. En realidad uno no es experto en nada, pero sigue queriendo aprender y ése será el motor que mueva este blog. Ya veremos hasta dónde es capaz de llegar.
Juan Nadie
Fotografía de Gatopardo
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